No porque yo, de pùrpura, bajase
Por el final del dìa a travès del que llaman
El aire solitario, no por eso dejè de ser yo mismo.

Cuàl fue el unguento que rociò mi cuerpo?
Què himnos resonaron cerca de mis oìdos?
Què mar en su corriente me anegò?

Los dorados unguentos llovieron de mi mente,
Mis oìdos crearon los signos que escuchaban.
Yo mismo fui la brùjula del mar:

Yo fui el mundo en que anduve, y lo que vi
O sentì o escuchè venìa de mì mismo;
Y me encontrè a mì mismo màs real, màs extranho.

Wallace Stevens.